Monta en el coche en un día lúgubre y lluvioso, y antes de conectar los limpiaparabrisas pon este disco, escuchando los primeros guitarrazos mientras sobre la luna una cortina de agua nos envuelve como una crisálida maldita. Arranca y arrójate a la autopista y déjate seducir por el suicidio, a toda velocidad mientras camiones y otros vehículos van quedando atrás envueltos en vapor de agua y luces opacadas por la tormenta. La mejor manera de dirigirse a ningún lugar, o tal vez a un final repentino de la carretera, en una hermandad motorizada a la manera Mad Max: como loco pisando a tope cada vez que el bajo distorsionado y la guitarra revientan las notas.
Una brutalidad al rojo vivo.
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